Lo que aprendí dentro de 3.500 cerebros
Durante más de dos décadas, he abierto cerebros para salvar vidas. Pero lo que descubrí fuera del quirófano me cambió para siempre.
Los pacientes que llegaban a mi mesa no eran solo casos médicos. Eran padres que no reconhecían a sus hijos, ejecutivos que perdían su brillantez,-abuelos que se olvidaban de sus nietos.
Decidí que tenía que hacer algo más. No solo operar, sino prevenir. Y después de años de investigación, cre�� un protocolo que cualquiera puede usar en solo 15 minutos al día.
Se llama el Protocolo PIH (Integración Hemisférica), y está respaldado por la neurociencia más reciente.